miércoles, 30 de diciembre de 2009

De chivos expiatorios y jueces desequilibrados. Parte II. Los Turros

“Oyarbide es un buen Juez”. Al menos así lo manifestó el ahora locuaz Juez de la Corte Suprema Carlos Fayt. Digo ahora, ya que en los noventa, mientras compartía la Corte con Julio Nazareno, Adolfo Vázquez, Eduardo Moline O´Connor y otras luminarias del Derecho, al anciano jurista no se lo conoció la voz.

Durante aquellos años, incluso como un disidente que no sacaba los pies del plato, Fayt fue una pieza funcional a los intereses de Carlos Menem y su mayoría automática. Quizás por ello fue beneficiado por sus compañeros con una polémica interpretación constitucional que le permitió sortear el voto del Senado para conseguir su renombramiento en la Corte.

“Un caso lleva su nombre: en 1999 se declaró inconstitucional una cláusula que lo afectaba y que se había introducido en la Reforma de 1994: el art. 99 inc. 4º, que dice que los jueces que llegaran a 75 años debían tener, para seguir en el cargo, nuevo nombramiento por acuerdo del Senado. Lo que dijo “su” fallo fue que no había en la ley de convocatoria a la Convención de Santa Fe/Paraná nada que habilitase modificaciones de tal entidad a la garantía de la inamovilidad de los magistrados a partir del cumplimiento de una edad determinada. Este fallo –que le permitió sortear un “re-nombramiento” que le hubiera sido esquivo– fue uno de los motivos del desafortunado juicio político “en bloque” (a toda la Corte Suprema) que el Congreso tramitó en octubre de 2002 (Gustavo Arballo, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad Nacional de La Pampa. http://www.saberderecho.blogspot.com/)”

En cambio, hoy lo vemos exultante, atendiendo a la nube de periodistas de un modo atento, casi socarrón, abordando una amplia gama de temas y opinando –no sólo con sus sentencias- sino con la voz de un político que parece gozar con la exposición mediática.

Sin duda y por ello, Oyarbide le parece un buen Juez. Este Juez federal, antiguo habitante de la servilleta de Corach, dejo arrumbado en el placard la popular máxima que afirma que los jueces sólo hablan por sus fallos. Aun hoy le debe al bloque del PJ en el Senado haber zafado del juicio político por el sonado caso Espartacus.

Como si fuera protagonista de un reality show sobre su tarea cotidiana, Oyarbide anuncia y desanuncia las probables líneas de investigación, los acusados, los allanamientos y los posibles procesamientos o arrestos.

Mientras acomoda sus lentes oscuros de diva italiana de los años sesenta y olvida que la mujer del Cesar no sólo debe ser honesta, Oyarbide sigue firme en su juzgado hundiendo sus causas en evitables polémicas y constantes dudas.

Cada acto que realiza, cada fallo que impone en relación con el poder o sus actores, es acompañado por la irremediable sensación que fue influenciado por intereses políticos particulares y venganzas (o agradecimientos) por hechos pasados o temores futuros. Así, sus decisiones están permanentemente oscurecidas por la sombra de la arbitrariedad.

Pero Oyarbide es un buen Juez, al menos eso dice Fayt.

Mientras tanto, esta semana presenciamos una nueva postal de la irracional Argentina kirchnerista: La AFIP anunció con bombos y platillos que comenzará a investigar a quienes gasten más de 3000 pesos con tarjeta de crédito. Paralelamente, los fiscales decidieron que no se debía investigar como Néstor Kirchner y Cristina Fernández aumentaron su patrimonio en un 600% durante los últimos 6 años, coincidiendo con el ejercicio de la presidencia de la Nación.

Espartacus fue una metáfora del poder en la década menemista. Para zafar del castigo, Oyarbide tuvo que convertirse en un esclavo del poder de turno. Ser eximido de culpa y cargo no le salió gratis. Por supuesto que no. Se lo han cobrado, se lo están cobrando y se lo cobrarán hasta el último día. Impunidad es el nombre de la moneda.

Paradójicamente, Espartaco, el líder de los esclavos que enfrentaron al poder romano, fue descripto por todas las fuentes históricas como un hombre culto, inteligente y justo. Todas las características que debiera tener un Juez.

Pero Oyarbide es un buen Juez, al menos eso dice Fayt.

viernes, 25 de diciembre de 2009

De chivos expiatorios y jueces desequilibrados. Parte I. Los Giles

Durante estos días de calma navideña venía pensando que el caso de la Jueza Parrilli debía ser analizado desde un espíritu un poco más crítico que el simplón y políticamente correcto con el que fue abordado abundantemente. En un ejercicio de trasgresión silenciosa traté de buscar argumentos para romper este círculo de sentidos comunes que se construyen alrededor de episodios mitificados como el mencionado.

Ciertamente, la Jueza mostró un desequilibrio emocional exacerbado, mezclado con un autoritarismo y una agresividad llamativa para el cargo que ocupa. Cuando vi el video supuse que, además, había abusado de alguna bebida espirituosa durante la cena.

Lo que sucedió a continuación fue lógico. La jueza embebida (de soberbia u otra cosa, no lo se a ciencia cierta), fue filmada en el pico de su patética actuación y eso la catapultó inmediatamente a una fama devenida en purgatorio. La jueza Parrilli y su exabrupto mediático se convirtieron en la nueva causa que movilizó a las almas progres, y la prensa de todos los colores.

La conclusión fue rápida y unánime: Lapiden a Parrilli y, si fuera posible, rápidamente y a la vista de todos. Eso nos dejará más tranquilos. Mostrará que aun somos una sociedad civilizada que castiga con dureza infinita a sus integrantes malévolos y así, finalmente, sabremos que, una vez más, la justicia ha triunfado.

Sin embargo, cumpliendo con sus fines fundacionales, El Explicacionista propone otra mirada para evaluar el affaire Parrilli y que comienza colocándolo en su verdadera dimensión. En definitiva, el personaje en cuestión era sólo una Jueza menor, cuyo tarea más importante era investigar y castigar a alguien que hizo pis en la calle o vulneró alguna de las miles de normas municipales que se violan a diario.

Está claro que esto no exime a nuestra ex Jueza municipal ni le quita gravedad a su falta, pero ayuda a ubicar la verdadera magnitud del hecho, evaluar la trascendencia pública que obtuvo y, finalmente, mensurar el castigo propinado.

Como seguramente le pasó a casi todos, la primera vez que vi el incidente por TV apenas pude contener la indignación. Sin embargo, meditándolo un poco más, aparecieron algunos atenuantes que fueron cambiando gradualmente mi percepción sobre el caso. Estos hechos no se mencionaron en esta frenética búsqueda de reafirmación progresista que nos embarga últimamente y me arriesgo a someterlo a los lectores del Blogg.

El primero de estos atenuantes es el claro desorden de la personalidad que la Jueza demostró frente a una situación de tensión e incertidumbre mínima. Su desequilibrio, irascibilidad y violencia ameritaban un poco de piedad y un urgente tratamiento psiquiátrico, más que un linchamiento mediático y político.

Una legisladora porteña con apellito de delito siciliano e integrante del jurado que la enjuició guardó su pregonado garantismo para mejor ocasión, cuando afirmó que Parrilli “tenía condiciones de salud graves, pero [...] no es lo que se mandó a evaluar al Consejo de la Magistratura. La defensa aseguró que la medicación psiquiátrica que tomaba tenía efectos colaterales como la irritabilidad, entre otros 40. Yo pienso que una cosa no justifica la otra”.

Pues bien, sin ser médico a priori me parece que si, que una cosa podría justificar la otra. Pero, más allá de detalles técnicos, la Jueza debía ser sacrificada en el altar de una sociedad sedienta de justicia, aunque no por este caso específico. La misma legisladora, con apellido de organización delictiva informal, mostró cual era el fondo de la cuestión: “Voté su destitución para revertir la sensación de impunidad que genera que la gente que tiene que garantizar la aplicación de las leyes no las cumpla.

El segundo de los atenuantes que me permito incorporar se basa en la posible existencia de algunos grados de alcohol en la sangre de su ex Señoría. La interferencia etílica podría haber actuado como estimulante de una personalidad ya bastante desenfrenada sin el uso de ayudas liquidas.
De todos modos, esta posibilidad lejos de aumentar la repulsa, no puede sino volver más simpática a la Jueza y generar algún tipo de empatía para con ella. ¿Quién no se ha comportado un tanto agresivamente luego de una cena bien regada? (¿o es que acaso mi dinero no vale?).

En tercer lugar, y siguiendo con esta lista de incorrecciones políticas, me permito agregar un último atenuante que me atraerá la pública censura de amigos y conocidos, pero también la aprobación de una mayoría cobardemente silenciosa.

¿Quién no ha deseado alguna vez (o directamente lo ha puesto en práctica) reputear de arriba para abajo (y comenzar nuevamente en sentido inverso) a nuestros beneméritos servidores públicos nacionales y municipales? Arbitrarios, indolentes, ineficaces y patrimonialistas, pueden sacar de quicio al más pintado. Si encima estás en un día malo, medicado o medio borracho, las consecuencias pueden ser más drásticas aun.

De todos modos, hay que admitir también que la suerte (como su equilibrio) abandonó rápidamente a la jueza. Su pasada cercanía con los montos en los 70 y su probable parentesco con un reputado funcionario K, le granjearon el rechazo de la prensa y gran parte de la oposición. Al mismo tiempo, al ser una Jueza local, le dio la oportunidad a Macri de mostrar activamente su escaso lado liberal y quedar bien gratis posando en todos los medios con las aun indignadas empleadas.

Por supuesto, el progresismo de Capital no podía dejar pasar una ocasión como esta para concretar su deporte favorito: firmar solicitadas. Así la jueza discriminadora y desequilibrada fue juzgada por un grupo discriminador, poco equlibrado y parcial que ya había decidido la sentencia antes de empezar el circo.

En fin, Parrilli ya es historia. Sobre el árbol caído bailan hoy Oyarbide, Faggionato Márquez, Ortiz de Lamadrid, Ercolini y Servini de Cubría. Jueces y juezas equilibradas y decentes de los que no nos tenemos que preocupar. Hemos lavado nuestra conciencia. El chivo descansa en paz.

martes, 22 de diciembre de 2009

UBA, UBA, UBA (El futuro no es nada, el discurso lo es todo)

La elección de autoridades de la Universidad de Buenos Aires volvió a mostrar la situación de crisis que atraviesa la institución académica más importante del país. La reelección de Rubén Hallú como Rector fue concretada en una forma muy similar a su primera elección, aunque en esta ocasión, la represión callejera y el intercambio de piedras le otorgaron un cariz aun más escandaloso.

Está situación, sin embargo, no es la causa de la crisis, más bien, una de sus más decadentes resultantes y cuyo origen se remonta a muchos años atrás. Esto ocurre por diversos motivos, entre ellos, porque la UBA se encuentra más ocupada en la tarea de sobrevivir a la asfixia presupuestaria producida por las políticas neoliberales, cuando no a intentos de vulnerar su autonomía y convertirla en una caja más del poder de turno.

Sin embargo y, sobre todo, también debe señalarse que la crisis se produce por la ausencia de responsabilidad política de un claustro de profesores que es señalado por el Estatuto universitario como el mayor responsable de los destinos de la Universidad. Hace tiempo que los profesores han perdido capacidad de generar consensos (entre ellos mismos y con los otros claustros) sobre la planificación de rumbos a mediano y largo plazo.

Sobre todo, se les debe criticar que han carecido de la lucidez necesaria para preservar algunos acuerdos básicos de la lucha facciosa, caracterizada por convertir la política interna en una selva donde todo vale para asegurarse los escasos recursos disponibles y evitar que otros los consigan.

La FUBA y sus socios son funcionales a esta situación. Pregonan una democracia en la que no creen y que sólo respetan cuando ganan, como durante la mediocre gestión de Jaim Echeverry. La intención de la conducción de la Federación estudiantil es llevar a la Universidad a un estado de crisis política permanente (cuanto peor mejor) con el fin de obtener algunos militantes más o un puñado de votos para partidos al borde de la desaparición a partir de la nueva ley electoral. Los profesores que quedaron afuera de la rosca dominante los utilizan temerariamente como fuerza de choque, para capitalizar el descontrol y obtener algún trozo de la torta que se le niega en las componendas tras bambalinas.

La Universidad se encuentra así presa de una guerra de intereses cortoplacistas decorados con relatos más o menos épicos, que se reproducen al margen de la realidad cotidiana que se observa en las aulas, centros de investigación y laboratorios, espacios donde aun se sostiene lo que queda del prestigio institucional ganado a través de la historia.

Pablo Alabarces, en un artículo publicado ayer en el Diario Crítica, lo primero que señala no son las características del proyecto que triunfó o los rasgos principales de las ideas alternativas. No hace un balance de la gestión del rector reelecto y mucho menos presenta las líneas que debiera seguir una Universidad en el siglo XXI. La idea más importante que se desprende del artículo en cuestión es la preocupación por el qué dirán los medios y su frustración porque no muestran lo que él considera lo importante o lo verdadero.

Esta visión, que el Kirchnerismo llevó a su máxima expresión en el país, pone el centro de gravedad de la vida política en los discursos mediáticos más que en la realidad política. Qué dirían Clarín y La Nación se pregunta Alabarces, como si esto fuera la fuente de toda existencia del problema político de la Universidad o al menos de su comprensión. En el mundo posmoderno, el relato es todo, la realidad nada.

Esta preocupación de Alabarces aparece combinada con otros elementos clásicos de los tiempos que corren. Primero la idea que la arbitrariedad es buena cuando coincide con lo que pienso y es mala cuando me perjudica. Así mientras se elogia la forma turbulenta en que se aprobó la ley de Medios, parece repudiable que “solo” el 60% de los delegados hayan votado por el Rector.

En segundo lugar propone una visión maniquea, (“Fuera de la Asamblea quedaron las facultades con mayor producción científica; adentro, las que tienen la mayor producción de negocios –contratos, asesorías, servicios, mineras, transgénicos”). Apoyando a la FUBA y sus socios sólo faltó nombrar a Milstein y Houssay, con los “otros”, a Menguele. Cuando el “otro” es un enemigo de esa calaña, todo es aceptable, hasta ir a reventar una asamblea universitaria con piedras y palos.

Lo cierto es que una política universitaria debería ser algo más que la discusión sobre cuantos consejeros le tocan a cada claustro, otra de las preocupaciones expuestas en el artículo de Alabarces. Sin embargo, la Universidad, como el país, se encuentra encallada en debates sin salida, atados a un pasado idealizado, con un alto grado de irrealidad y con un persistente deterioro.

El futuro ya llegó, mientras tanto, el status quo de la Universidad sigue aferrado al vetusto reformismo de 1918 y la FUBA y los suyos idealizan anacrónicamente un anticapitalismo anclado en 1917.

Afuera, en el mundo real, el cambio climático, la proliferación nuclear, las pandemias, la crisis financiera, el aumento de la pobreza y la exclusión, las migraciones, la multiculturalidad, los DD.HH, el salto tecnológico en todos los campos de la vida humana, son las nimiedades que reclaman políticas institucionales de largo aliento.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Link

Era un chiste, el verdadero es este: http://www.perfil.com/contenidos/2009/12/13/noticia_0004.html

¿Civilización sin ley? III (Sigue el debate)

Eduardo Valdés respondió al artículo que publiqué en el Diario Perfil la semana anterior. Aca va el link para leer su artículo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Civilización sin ley? Parte II

Una versión reducida del post referido al debate Valdés/Morales fue publicada hoy (Domingo 6 de Diciembre de 2009) en la versión papel del Diario Perfil y también en su formato online.

martes, 1 de diciembre de 2009

El poder banal

Una de las características más llamativas (y persistentes) del matrimonio gobernante ha sido su capacidad de banalizar hasta el extremo todo tipo de discusiones, desde las más simples hasta las más complejas.

No importa la trascendencia del tema coyunturalmente tratado. Sea la extracción del ADN o la reforma política, las AFJP, Aerolíneas, el fútbol, la Biblia o el calefón. Todo es igual, nada es mejor: se “saca” rápido y en forma desprolija, con ambiente de cancha en día de clásico, sin escuchar a nadie (excepto a los propios), con arrepentidos caracterizados que cambian su voto abruptamente y reduciendo todo escenario político entre dos opciones de hierro: el neoliberalismo y/o los militares y sus retoños o el proyecto del gobierno defensor de los intereses del pueblo.

Sobre esto quisiera señalar una de las características principales del kirchnerismo: La utilización permanente de la historia en forma, paradójicamente, totalmente ahistórica. Los hechos se recortan, se sacan de su contexto, se mezclan, se intercambia el lugar de los protagonistas (a quienes participaron ayer pero hoy no son “amigos” se los elimina, quienes nunca estuvieron pasan a ser actores principales). Los “amigos” no tienen pasado o no pagan costo por él, en cambio, para los adversarios, todo pasado, aun el no vivido, les pertenece en forma de deuda permanente e imprescribible.

El discurso sobre el pasado (y su análisis) no se toma como insumo o guía para nutrir la experiencia ya que todo transcurre en el plano de lo discursivo. Un discurso banal desde su misma enunciación. Se secuestran las personas y los goles. Todo es igual, nada es mejor. El relato kirchnerista es la Historia denunciada por Hyden White y el giro lingüístico, apenas una literatura de ciencia ficción protagonizada por personas con nombres reales pero cuyos actos son productos novelados.

Y así, una vez más esto se pudo ver con el circo montado alrededor de la conmemoración del acuerdo por el Canal del Beagle firmado durante los años ochenta. Seguramente hubo entonces algo de cálculo político en Alfonsín, pero también mucho de creencias personales y responsabilidad. La historia ya es conocida. El gobierno argentino de entonces se jugó por el acuerdo que clausuraba la posibilidad de una guerra con los vecinos andinos. A pesar del contundente resultado del plebiscito y la presión internacional, el PJ decidió oponerse en ambas Cámaras llevando el acuerdo casi hasta el naufragio en el Senado, donde no corrió la misma suerte que la Ley Mucci por apenas un voto.

Sin embargo, durante estos días no se escuchó ninguna autocrítica de parte de la Presidente Fernández y su consorte Presidente del PJ. Ambos por entonces militaban y apoyaban al PJ. Ella mismo recordó votar a Luder y ser parte del aparato del PJ por aquellos años. Tampoco aclaró su prédica nacionalista (casi antichilena) en ocasión del acuerdo por los hielos continentales en los años noventa (en cambio no se los escuchó quejarse tanto por las privatizaciones).

La conmemoración del acuerdo argentino/chileno sólo le sirvió para escapar un ratito de las malas noticias del país, obtener algún rédito político y lucir su sombrero de funeral. De todos modos esa falta de arrepentimiento fue lo único honesto por parte de ella en todo este viaje.
La conmemoración del acuerdo no le permitió repensar el conflicto con Uruguay por Botnia ni si quiera incorporar la idea que ceder es una parte importante para limitar los conflictos con los demás. La experiencia de Este pasado es para el museo no para refexionar sobre la práctica. Lo único que vincula al pasado con el presente en la política k es legitimar la acumulación de poder.

sábado, 21 de noviembre de 2009

¿Civilización sin ley? (Una respuesta a Eduardo Valdés).

El artículo de Eduardo Valdés publicado por el diario Perfil el sábado pasado descubre gráficamente las creencias del autor pero también la de importantes sectores de la política y la opinión pública sobre el papel de la ley y la justicia en la vida social.

Retomando una denuncia judicial realizada por el senador Gerardo Morales sobre la supuesta omisión en la rendición de dineros públicos que le fueran otorgados a la dirigente social Milagro Sala, el mencionado autor se propone restarle legitimidad apelando, principalmente, a dos argumentos que me interesa deconstruir y analizar detalladamente.

El primero de ellos estaría relacionado con la calidad moral del denunciante. Según el ex funcionario grossista y kirchnerista Valdés, el pasado delarruista del denunciante Morales sería un impedimento a la hora de exigirle cuentas a terceros, aun cuando estas exigencias fueran pertinentes.

Valdés, defensor de la familia de la médica cubana Hilda Molina, cree razonablemente que ésta puede exigir el respeto a sus derechos fundamentales al Estado cubano a pesar de haber sido durante años una importante pieza del sistema castrista. Sin embargo, al mismo tiempo, niega a Morales el derecho a apelar a la justicia en función de una “portación de pasado” que, por supuesto, a él no lo alcanzaría a pesar de su ecléctico currículo político.

Al finalizar el artículo el autor se entusiasma con la posibilidad de aplicarle a Morales una ley que sirva para juzgar su paso por la función pública olvidando que si la misma ley se aplicará a él por el conflicto con Botnia (sucedido cuando era Jefe de Gabinete del entonces canciller Rafael Bielsa), su destino podría ser más complicado que el del senador radical.

La justicia, desde este punto de vista, sólo sirve para ser aplicada a los demás, a los otros, ya que la subjetividad propia es la única vara que puede medir la responsabilidad política o legal. Se pone en práctica así el dicho de un olvidado dictador latinoamericano “para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley”

El segundo argumento presentado por el abogado Valdés es que las instituciones formales que regulan el uso de fondos públicos carecen de importancia y deben ser aplicadas en función de la eficiencia con que fueron usados. En este caso, considerando la altísima eficacia que la denunciada (Milagro Sala) habría logrado gastando los dineros que el Estado nacional le facilitó, no haría falta ningún tipo de rendición de cuentas ni control por parte del organismo que otorgó el dinero.

A favor de este último argumento, el peronista Valdés presenta una elocuente serie de cifras que no quedan claro de donde fueron obtenidas y que en nombre de la defensa de los pobres justificarían la construcción de un Estado paralelo en la provincia de Jujuy, gobernada por su propio partido en forma ininterrumpida desde 1983. La paradoja esta a la vista. El PJ conduce el Estado formal desde la gobernación y también el paralelo, mediante los fondos públicos que aporta el Estado Nacional.

Detrás del discurso expuesto en el artículo se encuentra uno de los dramas argentinos: la creencia muy extendida que las formas y el fondo de las políticas públicas son elementos contrapuestos. Más que cuestionar la arbitrariedad en el ejercicio del poder o la ilegalidad de determinados actos cometidos por el Estado nacional o provincial, se critica que esa arbitrariedad no coincida con las creencias ideológicas o los intereses que cada grupo defiende coyunturalmente.

Que le pregunten al respecto a los bloques legislativos de la centroizquierda, felices cuando el Estado arbitrariamente nacionalizó el fútbol o Aerolíneas e indignados cuando se les aplicó a ellos la excluyente ley de reforma política. Cuando la arbitrariedad es la norma, más tarde o más temprano, la sentencia de Bertolt Brecht se cumple, pero ya es tarde.

El jurista Carlos Nino afirmaba que argentina era un país extraño porque, finalmente, obtenía peores resultados violando la ley de los que hubiera podido conseguir respetándola. Luego de años de golpes militares, terrorismos de Estado, corrupción, privatizaciones y estatizaciones irregulares, parece increíble que los argentinos no hayamos aprendido que son tan importantes las cosas que se hacen como la forma en que se implementan.

En la publicidad estilo soviética del Canal 7 aparece un spot donde la presidente Fernández afirma que pocas veces, como ocurre hoy en América Latina, los presidentes fueron tan parecidos a sus sociedades. En lo que a nosotros respecta, no deja de ser un diagnóstico que, de ser cierto, clausuraría cualquier optimismo por el futuro inmediato.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Las imbecilidades y sus consecuencias

Como todas las mañanas de los días Domingo, comencé a leer la columna de Javier Marías en el diario español El País. Si bien el artículo estaba dirigido a la realidad española, no pude menos que relacionar sus primeros párrafos con la situación social y política de Argentina.

Me limito a transcribirlo y quien quiere oir, que oiga. Votantes del PJ, abstenerse, no lo entenderían.

"Causa sonrojo insistir en las cosas que a uno le parecen evidentes y que hasta hace poco se lo parecían a la mayor parte de la población. Pero vivimos en una época y en un país tan irrazonables que ya nada se puede dar por sentado, ni siquiera la capacidad para asociar las causas con los efectos, o las imbecilidades con sus consecuencias. Es como si hubiéramos perdido –hablo en términos generales– esa facultad fundamental, y con ella la de prever lo que las iniciativas o decisiones o prácticas necias pueden traer consigo [...] No hace falta explicar cuál será la consecuencia de tamaña ignorancia".

domingo, 8 de noviembre de 2009

Félix Luna (1925-2009)

Días pasados murió el historiador Félix Luna. La amplia cobertura de la noticia por los distintos medios de comunicación dan una idea de su importancia pública. Félix Luna no sólo fue un profesional de la Historia, fue un intelectual en el sentido integral del término, casi al estilo renacentista: Historiador, abogado, editor, periodista, artista, funcionario público, participó de la vida cultural de su tiempo sin despreciar la política ni ocultar su ideología.

Hizo de la divulgación histórica su marca registrada. Fue un adelantado a la hora de considerar la biografía como un documento con rigor histórico y de utilizar los comics como instrumento para llevar la Historia a los más chicos. “Todo es Historia” es aun hoy una revista imprescindible para los amantes del género pero, también, fue un posible comienzo para que estudiantes y egresados recientes pudieran hacer sus primeras publicaciones.

A diferencia de su vulgar sucesor, Felipe Pigna, nunca transformó su obra en un Mc Donalds de la historia, ni se convirtió en un personaje mediático e inaccesible, por el contrario, son comunes los testimonios sobre su excelente talante y generosidad.

Recuerdo siendo estudiante, haberle pedido una entrevista para una revista estudiantil a lo que se prestó sin ningún tipo de problema, respondiendo cada pregunta como si yo fuera periodista de algún medio importante. De sus libros, probablemente “el 45”, “Soy Roca” y la biografía de Hipólito Yrigoyen fueron los más logrados. Sin embargo, el que más me impactó fue “Conversaciones con José Luís Romero”, indispensable para los que deseen convertirse alguna vez en historiadores.

Para mí, lo más llamativo de su trayectoria fue la combinación de su actividad profesional con una amplia faceta artística. De la sociedad con Ariel Ramírez nacieron La Misa Criolla (1963); Los Caudillos (1966); Mujeres argentinas (1968) y Cantata Sudamericana (1971). Entre sus 28 canciones, seguramente, la celebre “Alfonsina y el mar” estará destinada a perdurar junto a su nombre.

Sin embargo, tanto talento y reconocimiento no permeó a la historia académica ni a sus “progresistas” representantes. Hay motivos para eso. Félix Luna no era un hombre de izquierda, no incluía desmesuradas retóricas setentistas en sus trabajos ni consideraba a la Facultad de Filosofía y Letras el centro del saber mundial. Sobre todo, jamás se consideró un Juez con competencias absolutas sobre el pasado ni a la Historia como un arma para arrojar en la cabeza de quienes disentían con él.

martes, 2 de junio de 2009

Adiós a Los Piojos. Entre la exageración y la decadencia

El sábado pasado, en un concierto realizado en la cancha de River Plate, se despidió la banda Los Piojos, una de las de mayor convocatoria del país, como lo demuestran las 70.000 personas que concurrieron al evento.

El concierto fue transmitido en directo por TN y largamente comentado por la prensa escrita y televisiva de los días posteriores. La cobertura periodística mostró la desmesura clásica que rodea los actos multitudinarios, mezcla de auto referencialidad y chauvinismo, propias del discurso de exaltación de la extraordinariedad argentinista que supimos conseguir.

Nadie duda de la importancia que posee en la construcción de la personalidad adolescente y post adolescente, la identificación con grupos musicales y artistas de cine y TV. Tampoco me corresponde evaluar la mayor o menor pertinencia del gusto ajeno sobre el cual, como es sabido, no hay nada escrito. Sin embargo, me parece necesario presentar opiniones que rompan este marco celebratorio excesivo y poner algunas cosas en su lugar.

Es innegable el alto impacto que esta banda, oriunda de El Palomar, tuvo en amplios sectores juveniles (y no tanto). Sin embargo, tampoco es exagerado afirmar que su aporte, en términos estrictamente musicales, se reduce a algunos hits más o menos celebrados y, posiblemente, efímeros. Los Piojos no es una banda de eximios músicos que rompió conceptos o innovó en la estructura del género, marcando con su existencia un antes y un después.

Si construyéramos un continuo de calidad e innovación en esta dirección musical, en un extremo, sin duda, estarían Los Redonditos de Ricota, como la banda que verdaderamente marcó un punto de quiebre en materia musical y poética. En el extremo opuesto, también sin dudar, se ubicarían los Callejeros, como la copia banal y degradada del modelo original.

En el medio, entre ambos extremos, más cerca de uno u otro, se colocan la mayoría de las bandas de la escena rock contemporánea, la 25, Jóvenes Pordioseros, Intoxicados, La Renga, Bersuit, Las pastillas del abuelo, Hijos del Oeste, 2 Minutos, Los Gardelitos y un largo etcétera. Los Piojos integran también ese colectivo, otorgándoles a su favor, sin duda, que se encuentran más cerca del extremo ricotero que del patetismo callejero.

Ahora bien, hay algo que todos estos grupos mantienen como una seña identitaria común y que se desprende de la tradición ricotera de adoración a “las bandas”, forma de llamar al público que los sigue habitualmente sin tener que decirles “público”. Frente a la existencia de sectores cada vez más numerosos de jóvenes en proceso de empobrecimiento económico, social y cultural, los músicos de esta tradición rockera agudizaron la identificación con el público y cambiaron su propia responsabilidad de liderazgo, por un igualitarismo populista que, llevado al extremo, sólo podía terminar en Cromagnon.

Por esto, nadie se banca ser público. El lugar de público como alguien que absorbe lo que produce el artista desde un lugar de cierta “pasividad” (que no significa ausencia de goce ni inmovilidad), es rechazado, estigmatizado, como ocurre en las canchas de futbol entre las tribunas y plateas. Todos tenemos derecho a ser protagonistas del show. Si el concierto es lejos, llueve, nieva o graniza, mejor aun. El sufrimiento y el sudor vertido por la adhesión a la causa, coloca a “las bandas” en un lugar de diferencia con respecto al otro y, también, construye una exigencia indirecta hacia el mismo artista, convertido ahora en un permanente espectador y adulador de sus seguidores.

Estos grupos ya no ponen la música por delante para relacionarse (y a la vez diferenciarse) con el público. Lo que vale es el llamado “ritual”, donde músicos y público se vuelven uno solo (público) y donde el artista pierde parte del monopolio del show y cierta condición de liderazgo o responsabilidad y se deja arrastrar por la marea de intensidad y lumpenazgo que, pasa a convertirse así, en el “verdadero” protagonista. El show ya no tiene lugar exclusivamente en el escenario, sino en la “monada”, en las banderas, en los cánticos, en seguir a la banda a todas partes o en tirar bengalas.

Esta perversa aceptación de parte del artista de renunciar a su “poder” sobre el show, es lo que lo legitima frente a “las bandas” y lo que le permite construir el discurso sobre la existencia de una comunidad horizontal única y especial, por ejemplo, “los piojosos”. Pero no todo es pérdida o renuncia. A cambio, los músicos perciben las pingues ganancias de los multitudinarios conciertos. El sábado pasado, en la cancha de River, los millonarios no fueron únicamente los de la banda roja. Allí, se juntaron 70.000 personas que pagaron 50 U$S de promedio cada una, más lo recaudado en concepto de derechos de TV y publicidad. Una buena cifra para seguir siendo espectadores e independientes.

domingo, 10 de mayo de 2009

¿qué parte de NO no entendés?

Para Daniel Scioli su postulación a Diputado Nacional no es inconstitucional. Sin embargo, la Constitución Nacional es muy clara. Pero........... ¿a quién le importa la Constitución?

Art. 73 de la Constitución Nacional: "Los eclesiásticos regulares no pueden ser miembros del Congreso, ni los gobernadores de provincia por la de su mando".

miércoles, 6 de mayo de 2009

Algo hicimos Mal

Palabras del Presidente de la República de Costa Rica, D. Óscar Arias en la Cumbre de las Américas. Trinidad y Tobago. 18 de abril del 2009.

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda... y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir "una Ciudad sobre una Colina", una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años- es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 o 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 o 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo -en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día- y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los "ismos" (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un "ismo" muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo.

Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: "Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones" . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que "la verdad es que enriquecerse es glorioso". Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso sólo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer. Muchas gracias.

sábado, 2 de mayo de 2009

Feria del Libro. ¿El lugar del Lector?

Otro año más con la Feria del Libro y, nuevamente, los debates son constantes. Siempre en punta, los intelectuales progres con look afectado, como por ejemplo Beatriz Sarlo, reniegan de la Feria por su masividad o la pérdida de alguna escencia original y misteriosa que tenía cuando apenas un cuarto de la gente concurría a recorrerla. Las críticas de la gente que, año tras año, abarrota las instalaciones, tiene que ver con causas más terrenales: la falta de espacio, los precios elevados en bares, kioskos y libros y la insoportable cantidad de gente que transita los pasillos. Los precios de productos comestibles rondan lo exorbitante. Guillermo Moreno debería darse una vuelva para medir allí el crecimiento inflacionario.

La Feria del Libro cumplió un ciclo y debe ser repensada ante el peligro de convertirla en un mero almacén de venta de productos relacionados con la cultura. El año pasado el slogan de la Feria fue "El lugar del lector". Sin embargo, dentro de a Feria, lo que menos se encuentra es el lugar del lector.

Dentro del predio, con aisladas y reducidas excepciones, no existen lugares donde se pueda leer tranquilo, ni siquiera sentarse a descansar sin necesidad de hacer filas o abonar cantidades desmesuradas. El objetivo parece ser que el visitante compre rápido y se vaya y, si algun día tiene tiempo, que lea, pero en su casa. ¿Es posible tener una industria editorial poderosa en una sociedad donde los índices de lectura estan casi en números negativos? ¿No será necesario estimular los hábitos lectores al mismo tiempo que se estimula el consumo?.

De todos modos, cuando la fiesta termine, nos dirán que hubo otro record de público y que las editoriales y librerías embolsaron algunos pesos más o menos que el año pasado. Todos aplaudirán y seguiremos pensando que Argentina va bien.

domingo, 26 de abril de 2009

Censura en la UBA

Días pasados, el Decano de la Facultad de Ingeniería, Carlos Rosito, prohibió una reunión donde se presentaría un informe sumamente crítico con las políticas energéticas del Gobierno Nacional. La reunión, que incluía a ocho de los secretarios de energía de los distintos gobiernos post 1983, fue suspendida respondiendo a una exigencia realizada desde lo más alto del poder K.
Lo poco pertinente de la explicación dada por el Decano/Censor, sólo logró aumentar la dimensión pública del hecho, poniéndolo frente a su propia miserabilidad. De un plumazo olvidó la tradición pluralista y transgresora de la Universidad de Buenos Aires y, particularmente, la de su propia Facultad.
Desde mi época de estudiante recuerdo actos y eventos de distintos tipo, mucho más partidarios y politizados que el (no) realizado en Ingeniería. En todas las unidades académicas, desde 1983, se sucedieron lanzamiento de campañas, conferencia de candidatos, asambleas partidarias etc. Desde los claustros mismos, nacieron candidaturas, como la de Viñas hace varios años y de la UCR, hace un poco menos.
La misma Facultad de Ingeniería fue sede de alguna de ellas y, además, un histórico bastión contra las distintas dictaduras que sufrió el país. Por ello, cuenta en su haber con estudiantes muertos, perseguidos y desaparecidos por manifestar sus ideas contrarias al poder de turno. Recuerdo a Salmon Aroon Feijoo, asesinado en una ocupación de la Facultad por grupos paramilitares durante la década del 50.

No hay mucho más que decir. Los pequeños hombres quedan enterrados en el subsuelo de la historia y Rosito, haciendo honor a su apellido en diminutivo, le espera ese destino.